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Deje de tomar malas decisiones cuando está hambriento, enfadado, solo o cansado

Es sorprendente notar cuántas veces nos sentimos ansiosos, irritados o estresados – si prestamos suficiente atención. El uso de esta técnica puede proporcionarle tanto las preguntas como las respuestas correctas.

El hambre es la manifestación más obvia de una de nuestras necesidades físicas primarias no satisfechas. Conscientemente, todos sabemos que una nutrición adecuada y regular es primordial para tener una vida equilibrada y saludable. Sabemos lo que deberíamos comer, sabemos cuáles son las buenas opciones; sin embargo, reprimimos nuestro hambre, esperamos hasta que nos volvemos tan irracionales que cualquier cosa parece ser una buena opción. Sin satisfacer las necesidades físicas de tu cuerpo, es imposible ser tu mejor yo. La respuesta es atender tus necesidades nutricionales y comer con regularidad antes de que el hambre saque lo peor de ti.

El hambre emocional es otra necesidad a satisfacer, y es más complicada que la de tener una comida saludable. También es más difícil de precisar. El hambre emocional apunta a la necesidad de atención, confort, compañía. Pero nos hemos vuelto tan autosuficientes que tendemos a pensar que necesitar a los demás es una debilidad. Necesitamos la compañía de los demás, necesitamos que la gente nos comprenda y nos escuche. Tenemos que aprender a acercarnos a las personas que se preocupan por nosotros – de lo contrario, nuestra hambre emocional nos hará tomar malas decisiones.

La ira es una emoción sana y normal – al igual que todas las demás emociones, es una señal de tu cerebro, de que algo está mal. Comprender la ira y gestionarla adecuadamente sin reprimirla es crucial para tu salud mental. Nos enseñan que la ira es mala, por lo que nos condicionamos a no expresarla, ya que la percepción de la ira es negativa. Hace falta mucha autoconciencia para reconocer la ira y aún más para expresarla de forma constructiva, sin volverla contra los demás o, peor aún, contra nosotros mismos. Reconocer el origen de nuestra ira es el primer paso y, en la mayoría de los casos, tiene su origen en la impotencia o la falta de poder cuando tenemos una necesidad que no podemos expresar. Expresar una necesidad, comunicarla, negociar sobre ella es un buen comienzo. La respiración, las técnicas de atención plena, el ejercicio, las artes marciales e incluso llevar un diario pueden ser excelentes formas de lidiar con nuestra ira.

La soledad es el estado más controvertido que podemos experimentar. Estamos más conectados que nunca y, sin embargo, estamos más aislados de lo que deberíamos. Si te sientes solo, puede ser una situación real de aislamiento o una percibida. El aislamiento puede ser un mecanismo de afrontamiento, una herramienta de supervivencia que aprendimos durante un trauma, o el resultado de un problema de salud mental. En cualquier caso, el aislamiento autoimpuesto es algo con lo que tenemos que lidiar. Debes ser consciente de tu propio mecanismo de autoaislamiento para detenerlo, simplemente tendiendo la mano, rodeándote de personas afines, o incluso simplemente dándote cuenta de que no estás solo, sólo crees que lo estás. Si parece que tiene dificultades constantes con ello, podría considerar la posibilidad de recibir ayuda profesional.

El cansancio puede ser físico, y lo más común es que ignoremos nuestra necesidad de tomar un descanso, nos presionemos demasiado e ignoremos las señales de nuestro cuerpo. La solución es dormir bien, echar una siesta, hacer pausas en la actividad física que nos agota, para volver a estar descansados y relajados. Ignorarlo durante demasiado tiempo puede tener consecuencias físicas, cuando nuestro cuerpo nos obliga a descansar. Es entonces cuando nos volvemos más propensos a las enfermedades e incluso a quemarnos.

El cansancio emocional es otro fenómeno común de nuestro tiempo. Nos sentimos abrumados y sobrecargados por la vida ajetreada que llevamos. Pensamos que estar ocupados equivale a ser productivos. Pensamos que seguir adelante es la mejor solución, incluso cuando es evidente que estamos rindiendo poco. La solución parece fácil. Tomar descansos, permitirnos recuperar, alejarnos de la sobrecarga de información. Y recargar las pilas con actividades que nos gusten sin la presión de tener que rendir.

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